So, hace veinte años entré en el gray place y fue un alivio. La mismísima existencia dolía cada día, mi mente me pedía parar, el corazón me dolía cada día físicamente. Se volvía pasita. Pero no pasita de la buena, pasita de la mala. Pasita de angustia. Era levantarme, estar angustiada, vivir angustiada e irme a dormir para volver a despertarme igual al día siguiente. Era seguir viviendo así, encontrar una salida o suicidarme. O volverme loca y después suicidarme. Pensé seriamente que me estaba volviendo loca en cierto momento. Llegué a pedirle a mi hermano que validara ciertas cosas que yo veía (o más bien, creía que veía) para saber si eran reales. Spoiler alert: no lo eran. Ahí busqué ayuda. Tengo historial en mi familia de gente que no lidia bien con la realidad y se inventa la suya propia. No sé cuál es el diagnóstico que tienen, solo sé que lo hacen. Y yo sentía que estaba yendo por el mismo camino.
Ayudó, de cierta manera. Buscar ayuda, quiero decir. Dejé de sentir esa angustia diaria asfixiante. Solo que lo hice a través de la disociación. Puedo incluso ponerle fecha exacta al día que empecé a disociar porque lo escribí en un blog como este. Porque yo escribía. Hace muchos años, escribir era terapia.
Resulta que para escribir hay que estar muy en contacto con las emociones y, cuando disociás, no hay emociones. Bueno, hay una sola: el enojo. Y es raro que logres sacar algo para escribir desde el enojo excepto puteadas así que mi escritura sufrió un parón de veinte años. Ahora, de a poco, las emociones van volviendo pero son como un torbellino, están por todos lados y la angustia vuelve multiplicada por veinte así que tengo que dosificarla. Sentirla ciertos días, en ciertos momentos, donde pueda manejarla.
Hoy fue uno de esos días porque volví a ver The Good Place y el peso de la existencia humana me volvió a pegar como el camión que mató a Eleanor Shellstrop. La crisis de los cuarenta también viene haciendo de lo suyo estos días. No sé si hay gente que llegue a esta edad diciendo "damn, no hice nada con mi vida, qué desperdicio". Yo soy más bien del team "damn, viví como veinte vidas en una. Estoy cansada, jefe" pero el descanso nunca llega. Miro alrededor y no hay ni siquiera una puta sillita donde apoyar el culo aunque sea veinte minutos. Nada, niente, res. Y por supuesto, como las casualidades en mi vida casi no existen, elegí mirar esa serie que es un lobo disfrazado de cordero en este momento. Cherry on top.
Eso, sin embargo, me sirvió para acordarme de algo. Me sirvió para acordarme que escribir era terapia y que puede volver a serlo. Que no necesito desarmar la madeja en este preciso instante sino que, por ahora, solo necesito purgar la cañería. Que llevamos milenios sin resolver los misterios de la existencia humana y no voy a ser yo quien los resuelva, ni quien salve a todas las almas de ir al Bad Place durante toda la eternidad. Que de momento tengo que intentar salir, pasito a pasito del Grey Place y con eso es suficiente. Que puedo pasarme este sábado llorando en la cama porque me siento infeliz y no ir al supermercado si lo necesito. Que me puedo permitir un día en el que existir sea muy, muy difícil y me agobien la angustia y el dolor acumulados de hace veinte años siempre y cuando pueda aceptarlos, procesarlos y dejarlos ir sin regodearme en ellos o volver a disociar. Y todo eso, absolutamente todo eso, me trajo de nuevo a esta hoja que ya no está en blanco.
Hay miles de humanos, ahí afuera sintiendo lo mismo que yo en este momento. Hay incluso una humana, del otro lado de mi puerta que siente el peso de su existencia cada día y disocia como la mejor, sin ir más lejos. Y no es porque sea un consuelo que lo digo, no es reconfortante que otra persona esté pasando por una mierda similar a la que yo estoy pasando pero sí es reconfortante pensar que no estoy sola en esta mierda. Que si cruzo la puerta de mi casa y toco el timbre de la puerta de al lado, va a haber otra persona que me va a decir con acento colombiano "sí, es una mierda" porque también le está pasando. Porque, de alguna manera y por alguna razón, el universo te pone cerca a la gente necesaria en los momentos necesarios. Porque, por alguna razón la experiencia humana es individual pero colectiva al mismo tiempo. Porque no todos pasamos por exactamente las mismas mierdas pero todos sentimos las mismas mierdas en algún momento de nuestras vidas. Y tener con quién hablar de eso es lo reconfortante.
Así que hoy voy a cerrar el día de self-wallowing in dispair dandole al botón de publicar y yendo a tocarle el timbre a la colombiana para ponernos hasta el culo de alcohol brindando por haber dejado atrás nuestras vidas de mierda en nuestros respectivos países y haber reencontrado una nueva familia, con costumbres raras, palabras diferentes pero mucha más empatía y amor del que dejamos atrás.
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